Vacunas
Polivalente, antirrábica, trivalente felina, leucemia, tos de las perreras, leishmaniosis… lo que ponga la pauta de tu veterinario.
Una vacuna no se pasa por olvidarla el día que toca. Se pasa porque la anterior fue hace catorce meses, la fecha estaba escrita a mano en una libreta que está en un cajón, y nadie tenía motivo para mirarla. Apunta la fecha una vez en Trufa y el móvil se encarga del resto.
La vacuna, el día y —si la sabes— la fecha de la próxima. Es lo que ya te dice el veterinario al salir de la consulta.
El recordatorio queda dentro del móvil, no en un servidor que tenga que acordarse de ti. Salta a media mañana: pronto para poder llamar ese mismo día, tarde para no despertar a nadie.
Buscas el veterinario en el mapa, llamas o pides cita desde la app; y si la cita se completa, el registro entra solo en la cartilla y la siguiente fecha se queda apuntada sin que la escribas.
Polivalente, antirrábica, trivalente felina, leucemia, tos de las perreras, leishmaniosis… lo que ponga la pauta de tu veterinario.
La pastilla, con su ritmo propio. Es la que más se olvida, porque no va ligada a ninguna visita.
Pipeta o collar, en su propio calendario. Que la interna esté al día no dice nada de esta.
Tratamientos con fecha de fin, pruebas de control y revisiones periódicas de un animal mayor.
Cada mascota lleva su propio calendario. Con dos perros y un gato en casa es exactamente donde se cae el sistema de acordarse de memoria.
Todo lo que hay que recordar de una mascota tiene un periodo raro. La polivalente va a un año, la antirrábica depende de la comunidad autónoma, la pipeta a un mes, la pastilla a tres, la revisión del animal mayor a seis. Ninguno de esos ritmos encaja con la semana ni con el mes natural, que es como funciona la cabeza de cualquiera.
Por eso los sistemas caseros fallan siempre igual: la nota en la nevera se despega, la alarma del calendario se pospone «para el finde» y no se vuelve a abrir, y la libreta de papel no avisa — hay que ir a mirarla, y nadie va a mirarla sin un motivo. Un recordatorio que sale solo, con el nombre del animal y lo que toca, es todo lo que hace falta para cerrar ese hueco.
Y hay un motivo práctico para que el aviso llegue con margen y no el mismo día: las citas hay que pedirlas. Enterarte de que la antirrábica venció hoy no sirve de nada si la clínica te da hueco la semana que viene.
En ninguna parte. Trufa es gratis para dueños de mascotas, no tiene anuncios, no vende datos y no manda promociones: el único aviso que recibes es el que tú has programado. Los servidores están en la Unión Europea y la cuenta se puede borrar entera desde la propia app.
Con la fecha de la última vacuna y la de la próxima ya tienes el recordatorio en marcha. El resto del historial se rellena solo, visita a visita.
Sí. El recordatorio lo programa el propio móvil y salta a la hora prevista sin que la app esté abierta. Hace falta dar permiso de notificaciones la primera vez; si lo denegaste, se activa después desde los ajustes del sistema.
No. El aviso está programado dentro del aparato, así que salta igual sin cobertura y sin wifi. La conexión hace falta para apuntar una fecha nueva o para que se sincronice con tu otro móvil.
En app.trufa.pet puedes ver y editar lo que viene, pero las notificaciones salen en Android y en iPhone. Si lo que quieres es que te avise, instala la app.
No, y a propósito. La pauta la pone tu veterinario, que conoce al animal, su edad y la zona donde vive. Trufa guarda la fecha que te den y te avisa: no propone calendarios ni da consejo veterinario.
Igual que las vacunas, y por separado: la interna y la externa son dos entradas distintas porque van a ritmos distintos. Son las que más se olvidan precisamente por eso.
Cada vez que registras una dosis nueva, apuntas cuándo toca la siguiente y el aviso se reprograma. Y si pides la cita desde la app y la visita se completa, el registro entra solo en la cartilla.
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